La experiencia transformadora de la conexión (Parte 2)

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Experiencia Transformadora

Las experiencias transformadoras se han convertido en los últimos años en el santo grial de las ventas y el mercadeo. Todos queremos vivirlas, y muchos queremos diseñarlas y poderlas vender como parte de la experiencia de viaje.

experiencia transformadora

Habíamos quedado en hablar sobre la experiencia transformadora a través de la conexión. 

Y en la primera entrega habíamos dicho que: cuando hablamos de conexión y de Amor, estamos hablando de reconciliación, perdón, alegría, paciencia, humildad, libertad, capacidad de asombro, ternura, inocencia y todo lo que nos hace felices y nos da paz.

(Ojo, que felicidad y placer son dos cosas muy distintas, la primera es un estado mental, la segunda tiene que ver estrictamente con los sentidos).


Este artículo viene de Diseñando experiencias transformadoras (Parte I)


La búsqueda de ésas sensaciones nos lleva a hacer muchas cosas, y viajar, sin duda es una de ellas.

La experiencia transformadora a través de la conexión, y durante un viaje, la podemos dividir en  voluntariado, naturaleza y “los otros”. 

(Al decir “los otros” me refiero a todas las personas con quiénes nos encontramos, sean locales o no, sean parte del grupo o sea el guía… El otro es cualquiera que no sea yo)

Obviamente que hay otras formas muy efectivas, la meditación, el momento presente, y ejercicios espirituales de toda índole.

Pero nos vamos a quedar con las experiencias a las que les podemos dar escenarios en un tour.

Entendamos ante todo, que aunque la palabra “Amor” se ha prostituido tanto que con sólo verla alzamos las cejas con cierta sorna, sigue siendo el objetivo final de todos los seres humanos.

No hay un sólo ser humano en toda la historia que no haya ansiado, a como sea, sentirse amado. Y no hay una búsqueda de poder, dinero, placeres o lo que sea, que no desee al final el estado mental en que nos sentimos pertenecientes, satisfechos, seguros y en paz.

La conexion con el Amor en nosotros mismos le da un potente y dinámico sentido a nuestras vidas.

Y reitero, no me refiero al sentimiento, sino al estado mental en que sencillamente estás bien con todo lo que te sucede en éste mismo instante. (Mientras estás leyendo esto).

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Vamos a analizar con algunos ejemplos la búsqueda de algunas emociones que nos pueden conectar con nuestra Esencia (En mayúscula).

Profundidad e Inspiración: La experiencia transformadora del voluntariado

Una vez, me tocó ir a la Carpio con un grupo grande. (íbamos mi queridísima Sarita Ramírez y yo). No voy a entrar en el detalle porque se haría eterno, pero quiero subrayar esta como una de las experiencias más transformadoras no sólo del grupo que llevábamos si no de nosotras mismas.

Era un grupo de estudiantes universitarios y básicamente de lo que se trataba era de ir y hacer trabajo voluntario.

La Carpio está muy bien organizada para éste tipo de cosas y se facilita muchísimo trabajar con ellos. Su información, está acá. http://www.crhf.org/ . O, en éste video se explica muy bien lo que hacen.

 

Nos tocaba pintar unas paredes en un callejón. Unas paredes externas, de cemento, en colores pastel.

Luego de pasar toda la mañana pintando bajo el sol, y de cuando en cuando hablando con la gente de la comunidad pasamos al almuerzo en un salón comunal bien equipado. Nos sentaron en las mesas formadas para hacer un rectángulo.

En general había en el grupo una sensación de insatisfacción, sólo habíamos pintado unas paredes externas de casas en un callejón. No parecía tener mucho más propósito que el cosmético y al margen de lo que yo misma sentía, los muchachos comenzaron a hablar sobre el tema.

De alguna forma muchos sentíamos que nos habían dado algo para entretenernos y justificar la visita.

Sin embargo, mientras nos servían la cajetita de postre entro una muchacha morena, con tipo aguerrido, que se sentó justo al centro del cuadrado en impertérrito silencio.

Conforme el grupo la fue descubriendo todo se fue calmando y ella buscó con la mirada a quién pudiera traducir, yo le contesté con una afiración de cabeza, y comenzó a hablar.

Su charla duró más o menos cuarenta minutos y en todos mis años de guía y fiel seguidora de charlistas tipo TED y similares no he visto mucha gente que se le ponga a la par a ésta joven.

Nos contó su infancia, que comenzó en lo que en La Carpio conocen como “El Río”, y es justamente la zona más miserable de la zona más pobre de San José. Las casas del río se reservan a los recién llegados. Viven con los nauseabundos olores del contaminado  Virilla, los zancudos, las moscas, las cucarachas y las ratas y el incesante peligro de una crecida en cualquier momento.

Nos contó de cómo fue abusada sexualmente bajo el tácito consentimiento de la madre que dependía de su marido para mantenerlos a ella y sus hermanos y de cómo se escapó a vivir en las calles de San José por más de diez años, de sus visitas a reformatorios y hogares transitorios del PANI.

Y luego nos miró a los ojos, muy seria, y nos preguntó:

(Y voy a tratar de reproducir lo más fielmente posible lo que nos dijo esta muchacha)

¿Ustedes creen que lo que hicieron hoy no tiene mucho sentido verdad? ¿Creen que pintar tres paredes en cualquier callejon no tiene mucha importancia?”

Vieran que después de pasar por todo lo que pasé, un día que vine a ver a mi mamá vi un grupo de voluntarios trabajando en una calle cualquiera como ustedes hoy. No sé de dónde eran, ni por cuánto estuvieron ahi, pero sé que verlos me cambió la vida y la forma en la que veo mi comunidad desde entonces. 

Ellos, gente de afuera de Costa Rica, que fijo vivían en casas y lugares mucho más hermosos, se estaban metiendo acá para ayudarnos a que La Carpio se viera bonita. Ellos nos estaban dando una pertenencia que nosotros, casi todos inmigrantes, no teníamos. 

Ustedes hoy, nos dieron raíces, se las dieron a mi hija y a toda la comunidad… Es posible que ustedes no sepan lo que significa, pero para nosotros se llama dignidad.  Y yo quiero agradecerles en nombre de La Carpio el esfuerzo que nos dieron”

Al día de hoy cuando recuerdo el momento, siento de nuevo el nudo en la garganta que sus palabras me causaron (A mi y a todos).

Ella le dió trascendencia a la visita. Nos enseñó un espejo infinitamente humano y nos reconcilió de alguna manera con la humanidad solidaria y empática en todos.

Hizo algo indispensable para lograr una experiencia transformadora: Nos enseñó su profundidad y al verla y darle un inspirador y profundo sentido, pudimos encontrarnos en ella.

Lo que quiero subrayar de ésta magnífica experiencia es que todos fuimos tocados por ella cuando nos explicaron la profundidad de lo que hicimos. ¡Y fue esta muchacha la que lo hizo! 

No fue pintar paredes, ni estar en zonas marginales ayudando… fue ella la que hizo que todo cambiara. 

El enfoque profundo de la experiencia transformadora en el voluntariado es absolutamente indispensable. 

Conexión con la belleza de la naturaleza. Silencio.

En mis últimos años como guía me tocó estar con unos grupos, también universitarios, cuyo tour leader es, por decir poco, sui generis.

Él hacía algunos ejercicios que inspiran sin duda a convertirse en experiencias de transformación.

El primer día de la gira era en Manuel Antonio, y nos convocaba a todos al atardecer, en la playa y con una silla (Nos las facilitaba el hotel). Naturalmente conforme la gente iba llegando se iba formando un círculo.

Una vez reunidos ponía una canasta en el centro del círculo y nos pedía poner ahi los celulares (Las guías estábamos a cargo de la canasta).

Y les decía que lo próximo que se iba a hacer era observar atentamente el atardecer; sin fotos, selfies, facebook y sin comentar nada a nadie.

En silencio, iban a contemplar el atardecer.

Una vez que el sol se metiera podían hablar con el resto del grupo, recoger el celular o hacer lo que quisieran.

Creo que hice por lo menos una docena de éstos grupos, no hubo una sola vez en que los muchachos se fueran a recoger el celular como prioridad, ni una, ni un sólo muchacho o muchacha.

Todos los grupos hicieron exactamente lo mismo: Se acercaron unos a otros y comenzaron a hablar y a conocerse, sin celulares.

Luego se levantaban y la rutina de sus redes sociales volvía a la normalidad, pero el infranqueable aislamiento de la pequeña pantalla había caído y no se levantaba más.

En todos los grupos, y durante las cenas, el tema central era cómo se habían dado cuenta del descanso y la satisfacción que les había generado ese atardecer sin tener con qué tomarle una foto o compartirlo en redes.

El atardecer se había convertido, en si mismo, en una experiencia transformadora.

(Seguiré hablando de la “Conexión con los Otros” en la siguiente entrega)

 

 

 

 

 

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